viernes, 22 de mayo de 2009

El Azul Celestial

Una tarde fría, contemplando los cuadros de una oficina fría, es un cubo de hielo. Desde mi escritorio veo la ventana que da hacia el patio principal e ingreso al complejo Belén, por esta ventanita de madera verde, veo como ingresa y sale la gente, entre turistas, vigilantes, periodistas y trabajadores de la institución. Todo marcha igual que todos los días, e igual que todos los días siento el vacío y la desilución de un no amor, q empezó mal, transcurrió mal, y probablemente, mal terminará.
Y es que la soledad no es fácil, pero fácilmente la he llenado de despertares, desayunos, almuerzos, cenas y acostadas con alguien que no quiero completamente, que no creo completamente, que no me hace respirar -ni siquiera parcialmente-
la verdad es que me siento atada de pies y manos, siento que lo odio, sé que no puedo dormir sin él y siento que no me quiere del todo, que no me cree del todo, que no me respeta del todo y que, ni siquiera en las historias más alucinantes, sus sentimientos hacia mi sean del todo amor.
La verdad es que no busqué nada en él, dejé que los amaneceres continuaran, incansablemente, uno tras otro, que los sanguchones de la noche sumen 150 soles cada tres semanas... a veces, muy pocas veces me cuelgo de una sonrisa que se escapa, con miradas tiernas y un te quiero que callo con un golpazo en el hombro... esos que se dan los amigos.
Todo es culpa de todos, del desamor que tiene la gente, de la autocompasión, del estado defensivo, de los corazones acorazados, de las mentiras, de te quieros falsos, de actos malos, de lágrimas, de años, del tiempo...
La soledad me ha marchitado y ha permitido que él se adueñe de mis espacios vacíos, que sienta que lo quiera cuando en realidad no quiero nada más que sentir un cuerpo muerto a mi lado cuando busco comodidad por las noches.
No sé si era mejor cuando caminaba en negro, esperando sentir el alma de las calles, la respiración de un árbol moribundo que reclama el mal trato, por perros, por borrachos drogadictos y meones; de esas tardes cuando encontraba a un amigo, a un perrito o los taxis amarillos, en mi ciudad natal, tan amarilla y roja, mi noche era roja en aquel entonces.
El cielo acá es azul, mi cielo acá es azul... miro al cielo, pregunto al cielo, por qué no puedo?, carajo por qué no puedo dejar todo y rehacer?... porque el cielo, tonta, no oye, porque el cielo solo te mira, te moja, te quema, te ilumina y te indica el Sur.
Esta noche pretendo salir, esta noche saldré y me comeré a la ciudad de un solo sorbo de alcohol y no haré otra cosa más que esperar que mañana sea un mejor día, que no sea un simple azul... además no en vano existen historias con finales felices.

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