viernes, 2 de abril de 2010

En la tranquilidad de mi casa, en el departamento 301 con vista a la calle, mi ventana está abierta y un vecino toca el violín, entonces, de manera repentina, surge la misma pregunta de siempre: por qué en noches como esta aún me falta tiempo para seguir escuchando y escribiendo.
Al otro lado, en un cuarto contiguo al mio, un hombre roncando, es mi enamorado quien duerme más de lo normal, con quien no me logro compenetrar, lo dejo solo un rato y vengo hasta mi cuarto, esperando que el vecino siga tocando, que el aire siga entrando por mi ventana y que el frío me haga sentir que soy libre.
Esta noche es de todos, alguien duerme, alguien toca el violín y alguien más escribe y espera que la vida sea más que frases repetidas, vivencias repetidas, muertes sin razón y el círculo vicioso que es.
La noche es cómplice, me tienta a alejarme de todo y refugiarme sin necesidad de hacerlo, y es que en verdad... falta algo aqui y no sé que es.
Me siento vacía, sola y actríz, actuando en un capítulo más de la vida como espero que sea, no sé si el amor lo sea todo o parte, y es que a pesar de esta convivencia no me siento felíz...
La noche me lleva a lugares del pasado en donde creo hallar la explicación de esto y la mente e imaginación me recrea los sucesos y diferentes finales de cada una de estas historias, finales que creo yo aún espero, algún día creo, algún día sabré porque todo se fue de mis manos y el mundo giró sin retorno.
A veces me imagino gritando en el colegio, hablando y haciendo que mi voz y mis deseos sean escuchados, un basta ya a esta fe sin sentido, a los tontos mayos y marías, con sus tontas coronaciones y canciones a una virgen de mentiras, a los gritos autodefendiéndome de las miradas malas, de las acusaciones falsas y del juzgamiento de una niña que no tuvo culpa de estar en una situación familiar triste, sin ganas de estudiar ni de leer, ni de pensar, mucho menos de escribir... tantos años y no dije nada, algún día quizá, o quizá ya nunca más podré.
Mientras sigo imaginando las correctas respuestas y correctas decisiones, un agujero me estruja el corazón, no sé que lo causa y creo que es lo mismo que causa todos mis amaneceres en angustia, tocándome el pecho con ganas de llorar, algo me falta y no es amor, algo me falta y no es pasión, ahora lo sé mas no sé que es lo que no me hace ser felíz.
Al menos el hecho de ya no tener pesadillas en estas últimas dos semanas sea una señal de que las cosas quizá iran mejorando, el tener miedo al acostarme dejó de existir, también la sensación de shock antes de dormir y la siguiente inmovilidad con los ojos abiertos, viendo las sombras y los claroscuros que generan los postes de la calle que alumbran y llegan a mi habitación, en ese estado quería gritar y no podía, a veces me movía pero en la realidad no lo hacía... en otras circunstancias ví y escuché cosas, una vez vi a una mujer morena, muy delgada y alta que sentía, yo, estaba enamorada de mi y botaba a cualquier persona que por las noches quería cuidar mi sueño... otras veces otras cosas se acostaban a mi lado o sobre mi, siempre yo hechada boca abajo esperaba con todo mi corazón no ser penetrada por ninguno de estos entes, porque debo nombrarlos de algún modo, y lo peor de todo era que en ese momento, en todos los momentos estaba completamente conciente; y mi temor ha sido tanto que he llegado a nombrar a la sangre de Jesús para que me dejen en paz (que me deje tranquila lo que sea), yo que soy semi creyente, casi agnóstica, en realidad ni eso tengo claro porque nada de fe encuentro ni nada de icredubilidad (espero así se escriba) y pues no sé, solo repito como un loro lo que otros me aconsejan que hacer.
Como dije, al menos ya no tengo pesadillas, al menos ya puedo dormir tranquila, supongo que esperaré unos 30 años más para que mi angustia sece o se calme un poco o al menos acostumbrame, finalmente, a ella.
Ahora escucho pajaritos, pero aún es temprano, quizá y deba volver al cuarto donde está mi enamorado, abrazarlo y decirle cuanto lo quiero y cuanto le agradezco por soportar esta mujer que no sabe amarlo.